Una de cal…

30 Jun Una de cal…

He puesto el ciclista automático. Las largas rectas me sumergen en una especie de vigilia de pensamientos sincopados. Son las 8 de la mañana y ya llevo sin darme cuenta 25 kilómetros de costa. El paisaje es totalmente nuevo para mi, selvático, exuberante, desconocido, paranoico. No hay nadie, ni siquiera ruidos. La bicicleta es sumamente silenciosa. A veces pienso que demasiado, agradecería un poco mas de compañía, pero se que lo agradeceré. Pese a la carga, va como la seda.

Un camión  se acerca y pasa veloz, muy cerca, como si yo no existiera. Por suerte hay un buen arcén pero..  ¿sucederá siempre lo mismo mas adelante, sin “acostamento”?
Tras un repecho, un olor me despierta. Uno que no es nuevo para mi, pero la historia que le acompaña si. En la primera etapa ya lo conocí de cerca. Es el cerol, o mejor dicho, la cola.
El cerol es una mezcla de cristales machacados y cola con la que los niños de las favelas untan la cuerda de las “Pipas”, como aquí llaman a las cometas. Si, yo pensé lo mismo… ¿Como? ¿Que? ¿Porque?

Pues hacen guerras de cometas, una “linea” corta otra, como si de espadas se tratase. El ganador se queda con la Pipa del perdedor. Esto tiene un punto macabro, pero no es lo peor.
Lo peor, es ver como muchas motos y alguna bicicleta llevan en su manillar una especie de antena de radio cortante que es “anti cerol”. Hay un gran numero de accidentes (un 20% mortales) debido a esas lineas en las carreteras. Esas antenas protegen a los conductores de ser degollados.?Yo tampoco daba crédito, hasta que lo vi, lo olí…

Reconozco que tengo miedo. Pedaleo solo, por un país que no me es familiar y que parece bastante peligroso por esta zona. No son leyendas urbanas o turísticas. Aquí, los ciclistas y la gente me advierten del peligro real y muy presente de las carreteras. Asaltos en ruta para robarte la biciclta, empujones mientras marchas para quitarte todo lo que llevas. Yo en las subidas y debido al peso no voy como un rayo que digamos y estoy expuesto a un fácil abordaje..

Sigue sin pasar nada, simplemente ese olor que me eriza la piel como al mar se le empiezan a erizar las olas. ¿Hoy podré surfear?
El temido cerol ha asomado un par de veces mas, pero parece que no será una constante como al llegar a Santos en la primera etapa. Cuando mas pedaleo, me siento mas lejos de ese “mordor” de las afueras de Sao Paulo y Santos. Los pueblos parecen mas pueblos y no tan, minicuidades con minifavelas.

Y es cierto, pues escribo estas palabras desde un lugar que tampoco es una leyenda urbana, también es real, paseable y vivible… El primer miniparaiso Brasileiro.

Pero esto os lo cuento en la próxima etapa, “Una de arena”. 😉

Un día, tres momentos…

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2 Comments
  • jofegaber
    Posted at 06:45h, 30 junio Responder

    ¡Animo con tu viaje!!!…

    Mis mejores deseos para que tu miedo se convierta en confianza.

    Un abrazo, cuidate mucho….

  • Albert
    Posted at 08:08h, 30 junio Responder

    … tienes poderes porque ya esta pasando! 😉
    Thnks

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