UNA DE CAL Y OTRA DE NÓMADA

22 Jul UNA DE CAL Y OTRA DE NÓMADA

Hoy os confesaré un defecto y compartiré un par de truquitos para los que tengáis el mismo “problema” que yo…

Soy un apasionado de los paisajes naturales, la fauna y la ciencia, forjado a base de grabar en cintas VHS documentales del comandante Cousteau, David Attenborough, Carl Sagan y cualquier otro que asomase por la segunda cadena. Entre siesta y siesta, soñaba con ver con mis propios ojos algún día todo eso.

La suerte de viajar como modo de vida me está permitiendo ir tachando de una lista imaginaria algunas casillas.

Ya he podido pedalear metro a metro la Patagonia por su carretera austral de cuento, caerme de culo frente al monstruo glaciar Perito Moreno, patear las embrujadas torres del Paine, quedarme sin aliento ante las cataratas de Iguazú, pensar que los Lençois Maranhenses son un escenario preparado para alguna película sobre el cielo, cruzar el Atlántico en velero pasando por el paraíso soñado de la isla Fernando do Noronha y muchos otros rincones que no tienen tanto renombre pero son igual de increíbles cuando están bajo tus pies. Lo bueno es que quedan tantos y tantos por ver…

turista iguazu

EL “DEFECTO”

Lo malo es que muchos de ellos están masificados por el turismo. Es extraño porque por muy viajero que uno sea, esta queriendo un pedacito igual de licito que el que tiene una semana o un mes de vacaciones, pero he de confesar que “no lo soporto”! 😉
Son lugares tan especiales que tener una horda de coloriruidosos turistas armados con paloselfies rompe mucho el encanto, por eso procuro “esquivar” esas situaciones lo máximo que puedo.

Está el clásico truco de madrugar, ser el primero, como si de un concierto se tratara. Haces horas de cola o te pegas el madrugón pero ganas esa “pole position” codiciada.

Eso me funcionó en el Perito Moreno, realmente éramos los primeros y llegamos solos ante el megamounstro de hielo que nos hablaba de tu a tu a golpe de estallidos de hielo, fue inolvidable.

PERITO SOMBRA

En torres del Paine, arranqué totalmente a oscuras de madrugada para llegar a ver la salida del sol en las torres. Calculé mal (o me pesaba el culo) y llegué unos 15 minutos tarde, pero ojo, eso traía consigo una sorpresa… Cuando encaraba la ultima rampa de la pedrera vi que bajaba un ruidoso grupo de unos 15 jovenzuelos que habían pasado la noche acampados en las torres para ver la salida del sol y celebrarlo. Daban miedo, hacían mucho ruido y parecía que había sido la tónica nocturna… Si llego a estar con ellos allí arriba se me habría atragantado el “momento mágico” de lo lindo. (Sí amigos, ya soy un viejo cascarrabias, las canas no son en vano…)

Cuando llegué arriba, para mi sorpresa, no había absolutamente nadie. No me lo esperaba, el sol estaba recién salido, era un espectáculo y las imponentes torres y su laguna me dejaron sin habla. Un broche final a la etapa Patagónica de lujo. Unos 20 minutos más tarde apareció un tipo norteamericano que no daba crédito a que éramos el únicos que estábamos ahí, además el día era espectacular sin una sola nube, cosa muy cara de ver en esas latitudes. Nos dimos un abrazo espontáneo para celebrar el subidón del momento. (recomendable una vez en la vida ;))

Paine torres reflexión

Y bueno, ahí van los “trucos”:

IGUAZÚ:

Me planté el primero de la cola, quería “flipar” en solitario ante las famosas cataratas. Pronto entendí que eso seria imposible, además de coincidir con los X Games, cuando abrieron las puertas ya éramos dos autobuses repletos de “exploradores” listos para lanzarnos al inicio del recorrido vallado y predefinido. Durante el trayecto ojeando el mapa del recorrido vi la luz.

Me di cuenta que el autobús nos dejaba en el inicio del recorrido (obvio) y nos pasa a buscar al final en un recorrido circular. Ese final, coincide con la famosa Garganta del Diablo, el punto más espectacular de todos…

¿Ya imagináis por donde voy? Le pregunté al conductor discretamente si podía quedarme en bus y bajar directamente en el final y hacer el recorrido a la inversa. El tipo capto la idea y accedió.

En dos minutos ya estaba en la parada de retorno, andé unos metros, bajé unas escaleras y zas!, el punto más espectacular de Iguazú para mi solito, sin palos selfies, sin gritos, ni colas, ni aglomeraciones.

Increíble, me sentí casi como el primer indígena que un día apartó unas ramas y presencio tan tremendo escenario (bueno, ahí me he flipado…) El día también era absolutamente perfecto, arcoíris constante, sol radiante, pájaros exóticos revoloteando, a tope de agua… un 10! Cuando me cansé de tener la boca abierta y mojarme frente a las enormes columnas de agua, encaré el trayecto de vuelta cruzándome con los “compañeros” del bus que ya venían paso a paso ya casi en cola recortando la distancia visual a la famosa garganta restando así “sorpresa” y espectacularidad a la guinda.

garganta diablo prefect

LENÇOIS

El otro truquito/consejo es para los imperdibles Lençois Maranhenses. Quien no sepa lo que son google os va a dejar con la boca abierta…

Normalmente los Lençois se encaran desde Barrerinhas, su portal conocido y turístico. El paseo es lindo, pero se nota los guías están “quemados” y disfrutas de las lagunas acompañado de muchos turistas que pisan el paisaje y le quitan autenticidad al asunto, parece un una playa en verano. Además después del “truco” que ahora os contaré descubres que no se ni mucho menos la parte más linda de los Lençois.

Consejo: Si llegas a Barrerinhas coge una barca que te lleve hasta el pueblecito de Atins por el rio Preguiças. El paseo es espectacular, un rio virgen de 40 km con paradas estelares en los pequeños Lençois, el Farol de Mandacarú y otros rincones idílicos.

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Atins es una aldea pequeña de calles de arena pobladas por tranquilos lugareños y perezosos burros y perros que son uno más de la tribu. Allí puedes encontrar pousaditas pequeñas o más grandes, pero ninguna distorsiona con el entorno tranquilo.

La tía Rita, que tiene una humilde pero encantadora pousada (como su trato), nos anima a que vayamos andando por nuestro propio pie al inicio del parque natural siguiendo el margen del rio cuando la marea esta baja, no hace falta ni guía.

Así lo hacemos al día siguiente y en poco más de dos horas nos plantamos ante las puertas del gran desierto de arena blanca salpicado de lagunas turquesa a cual mas irreal e idílica. No hay absolutamente nadie y la belleza casi dobla a las del paseo de Barrerinhas. Algunas lagunitas son del tamaño de un jacuzzi, otras de una piscina olímpica, todas de colores caribeños y al margen algunos pequeños oasis donde buscar una sombra para reposar de tanto sol y merendar.
Sin darte cuenta te vas adentrando, saltando de piscina en piscina y literalmente te pierdes en otro planeta, otros colores, otros silencios… Un sueño de lujo y una experiencia top en el Vidaje. No tengo palabras para esquivar los tópicos… es simplemente espectacular, un paraiso y vale mucho la pena hacer ese paseo lejos del ruido turista para conectar con los Lençois de un modo distinto rebozándote del lugar y su autenticidad y sentirte como una hormiga en estos escenarios únicos de nuestro planeta.

lençois espectacular

En fin, miedo me dan los “machupichus” que me esperan en el horizonte. Espero encontrar esas puertas menos turisticas a las que tiene la suerte de acceder el que tiene todo el tiempo del mundo para encontrarlas esperando el momento oportuno, hablando con los lugareños o bien teniendo “la suerte del nómada” que despeja las nubes y te guiña arcoíris muy a menudo.

Te han gustado los “trucos”, ¿tienes alguno para mí? ¿Machupichu, Isla de Pascua? Pasa, pasa… 😉

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