VIAJAUTOR X MARRUECOS .7

29 Sep VIAJAUTOR X MARRUECOS .7

LOBO FEROZ

El viento soplaba como el lobo de los tres corderitos (…los musulmanes, de cerditos nada) a la casita de adobe (barro y paja). Tan fuerte lo hacía, que la finísima arena se colaba como agua por la comisura de la ventana.

Yo estaba en una preciosa habitación del Albergue le Palmiere de los hermanos Hassan y Ommar, quienes me habian recibido muy cálidamente ya que Joseph de Asrou les había advertido de mi llegada. Además era el único cliente esos días y tuve el privilegio de comer con toda la familia unos guisos exquisitos.

Mucha gente me habia dicho que no viajara a ese desierto, que esta infestado de turistas y sus todoterrenos, motos y quads. Nada mas lejos de la realidad esos dias, no había nadie, apenas me topé con un grupo de motoristas esa semana. ¡Qué suerte! Y encima empezamos con tormenta del desierto incluida… ya que estamos… ¡mola!

Esa noche dormí con la cama llena de arena. Puede sonar incómodo, pero no lo fue tanto, esa arenilla es tan fina que casi ni la notas, además no había mas remedio pues la fuerza del “lobo” era impresionante. Al día siguiente la cosa se calmó y pude dedicarme a pasear por Merzouga. Quería dejar mi aventura del desierto para un día “idílico” de cielo despejado, así que la pospuse una jornada mas. Compras, té, partidillos de futbol y guitarreos con los chavales que piden versiones de ¡Gipsy Kings! ¡Paco de Lucía! ¡Flamenco! Me disfrazo de andalú y complazco a la audiencia..

El día siguiente, es el día (y la noche espero), el nativo Ommar me da el ok meteorológico. Incluso me dice que puedo ir a dormir sin tienda en lo alto de la gran duna y no hay que tener miedo de nada, que es mejor que ande descalzo por la arena (vienen a mi cabeza escorpiones y serpientes), que lleve dos botellas de agua, comida y no me preocupe…

Como mi deseo es ver la puesta de sol desde lo alto de la gran duna, dejo la partida para media tarde. Por la mañana me prestan una bici y me acerco hacia un lago cercano que hay en dirección opuesta a las dunas, por las pistas que atraviesan el otro desierto oscuro, con piedras y sin arena.

Y si, un lago tan cerca del desierto… veo muchas aves, dromeadrios bebiendo a la orilla. Impresiona, como lo hace un solitario ejemplar que me encuentro a medio camino (lo podéis ver en el vídeo). Está tan solo y tan quieto sentado sobre sus patas, que llego a dudar de si esta vivo o muerto. Cuando me acerco, puedo comprobar que se mueve un poco. Sin duda están hechos de otra pasta, bajo ese sol, en medio de esa nada, tan tranquilo, reposando (de pronto recuerdo que he de apresurarme para ir al lago, yo no soy un camello y el sol aprieta).

A la vuelta al albergue, Ommar me dice que ya puedo partir, calculando mi llegada a al cima para la puesta de sol.

Y ahí estoy yo, como una hormiguita adentrandondome en el Erg Chevi (para mí en esos momentos el desierto más grande y peligroso del mundo) es fascinante vivir esa “pajilla mental”, con mi turbante a lo tuareg, cargado con víveres, agua, tienda de campaña (pesa un kilo, tranquilos), mi inseparable guitarrita, unas galletas de emoción y  otras de miedo…

Realmente sin el turbante estarías muerto, por la protección solar, y sobretodo porque en lo alto de las dunas el viento te dispara una finisima arena que si no es por el, te ahogaría, de hecho incluso se cuela por los poros de la frente, provocando unos granitos muy molestos.

!PARRIBA!

En unos 40 minutos llego al pie de la gran duna. Es una montaña, no se mueve como las demás dunas, es tan grande que esta siempre ahí. Desde su falda, la subida (escalada) no parece gran cosa, pero cuando te pones ello, las pasas canutillas. Me habían dicho por qué zona encarar la subida, y mas o menos por allí me parece adivinar restos de unos pasos. Decido seguirlos para no equivocarme e ir sobre seguro. !Gran error! a los escasos 10 minutos de subida no puedo dar crédito de lo duro que se esta haciendo. La pendiente es muy pronunciada, el sol se me clava en la espalda y mis pies (y piernas) se hunden en la megaduna como si fueran unas arenas movedizas. Avanzo penosamente y además me doy cuenta que los pasos que seguía son de bajada (otro cantar).

Hago descansos de 5 minutos y luego apenas avanzo  10 metros… ¡Qué vertical! Sin duda la he cagado fiándome de ese rastro (que ya ha desaparecido practicamente). Hago eses sin parar, es la única forma de avanzar un poco. Cuando llevo una hora, no puedo más, parece que me han inyectado ácido en las piernas, estoy bebiendo mucha agua y no sé si conseguiré llegar… Desde esa altura ya considerable, pese a que el paisaje es fantástico, me doy cuenta de que, efectivamente, he escogido el camino equivocado, el vertical, el de guiri novato. La uniformidad de sombras y colores del Erg me habían ocultado la especie de valle que era mejor para afrontar la subida. Demasiado tarde, ¿qué hago? ¿bajo? ,¿me rindo?… Espoleado por la vergüenza decido hacer un buen descanso e ir despacio, no estoy tan lejos de lo que parece (jeje.. repito, parece)  la cima.

Finalmente consigo llegar a lo que creía que era el final de la ascensión. Pero no, es el típico efecto de subida montañil, parece que llegas y hay otro repecho, y otro más.

Por suerte en pocos minutos descubro que se suaviza la cosa. No es tan vertical, incluso hay unos mini valles entre picos que están hechos de una especie de mousse de arena… ¡Qué sensación mas agradable! Mis ojos están como platos, el paisaje es espectacular, el cielo inmaculado, el lugar “salvaje” y nuevo para mí. !Que silencio!, no hay ni pájaros. Estoy más descansado y encaro la última parte de la subida con mas ánimos y relax. Por fin llego a la “cima” (hay varias). El viento las peina sin cesar. Me siento a contemplar el paisaje y por primera vez veo la otra cara de la duna y el desierto al que me dirigiré a pasar la noche…

Sin duda es un momento inolvidable. Ni con unas fotos, estrofas y una muy buena canción, podré llegar a la altura del talón de lo que realmente sentí. El feeling del momento me supera, esta atmosfera, esos colores, la puesta de sol, la emoción, la soledad tan llena… El paisaje parece marciano, no puedo evitar emocionarme, esto es lo que buscaba. Unas lágrimas me traicionan y me sellan una carta que nunca perderé… 😉

Hago unas fotos mentales y otras digitales para inmortalizar el momento. Y cuando el sol se pone, después de secarme la baba y rascar una cancioncilla en la guitarra, me apresuro a dejarme caer hacia esa nueva y desconocida vertiente.

[lyrics] … y a las canciones les falta riego,
para volver este secano, en huerta y azahar/azar
y la suerte sea el fruto…[/lyrics]

THE DARK SIDE OF THE DUNE

La bajada es un placer, el desnivel no es tan pronunciado. Voy buscando las zonas de mousse de arena. La sensación es similar a la de la nieve virgen cuando haces snowboard. Voy dando saltos como un hobbit feliz, descalzo, despreocupado, no me imagino escorpiones enterrados en la arena(si es así, no me lo digáis, gracias!.. jeje). Cuando estoy llegando a la base, me sorprenden unas Jaimas a mano derecha. Me acerco porque parecen abandonadas y, efectivamente compruebo que no hay nadie. Pero no me voy a quedar allí, mi intención es adentrarme en el desierto, pederme un poco, plantar mi tienda y pasar la noche en solitario. Cada vez hay menos luz y hay que apresurarse.

Llevo linterna, brújula en mi iPhone, batería suficiente y por si las moscas un cargador solar para el día siguiente (mamá, no estoy tan chalado como parece… jeje).

Con un ultimo y ágil esfuerzo es suficiente, perfecto, es donde quería estar, en medio del desierto, solo, sin guiris, ni motos, ni quads, pura naturaleza y yo.

Hassan me había dicho que plantara la tienda entre duna y duna, en el terreno más compacto que hay entre ellas, en la arena es imposible, me decía. Hago mi primer intento y ¡maldición!, ese espacio más compacto con color mas grisáceo es engañoso. Las fijaciones le hacen cosquillas a la arena un poco mas compactada pero muy débil. ¿Qué hago ahora? Como todos esos “suelos” sean igual, no podré clavar mi tienda.

Al no quedar apenas luz, rápidamente y con la tienda cogida de mala manera entre los brazos, me apresuro a intentarlo en otro zona cercana. Nada, mismo resultado, esto pinta fatal. Me entra un poco de miedo porque realmente no quiero hacer vivac en medio del desierto, me da mucho respeto y estoy solo, ¡mas solo que nunca!. No conozco la zona, los animales que puede venir por la noche, y esto no es el alto inmaculado de la gran duna. Aquí hay algunas hierbas que pueden esconder serpientes escorpiones, Bin Ladens o naves espaciales.

Ya lo tengo… ¡Si no puedo clavar la tienda, la enterrare!

Mi tienda es una especie de pirámide de color naranja, sólo has de poner un palo en medio, en mi caso, un palo de trekking, y fijar las cuatro esquinas. Hundiré todo el vértice de la base en la arena y ya está.

Como ya es de noche, estoy un poco nervioso, y me precipito en mis movimientos y cuando coloco el palo (telescopico) de trekking y  lo zarandeo para  comprobar su resistencia, resulta que lo he extendido más allá de su zona de seguridad,  lo que provoca que se parta por la mitad. !Glups!

¡Maldición! Se me ponen de corbata, de noche, en medio del desierto y con la tienda arrugada entre los brazos, parezco un paracaidista estrellado. No se qué hacer, estoy lejos de todo y todos. En ese momento no puedo ni sospechar la sorpresa que me aguarda unos minutos más allá… solo os adelantare que esa misma noche volví a estar en la cima de la gran duna… y las lagrimas volvieron a tracionarme…

Pero eso ya sabéis: Próximo capitulo – LÁGRIMAS EN MARTE 2ª PARTE


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