VIAJAUTOR X MARRUECOS .6

16 Sep VIAJAUTOR X MARRUECOS .6

¿LLUEVE EN EL DESIERTO?

Talk-ien

…y en medio del bosque se nos apareció un extraño personaje: ¡¡¡un francés!!! (es broma), un hombre mayor de nuestro país vecino. Llevaba un atuendo curioso, humilde, en tonos verdes, muy adecuado para un montañero trotamundos, que aderezaba con el típico bastón apoyado en el hombro donde se mecía con sus pasos una bolsa con sus “bienes”(aceitunas, fruta, botella de agua, y poco más).  Sumadle su barba blanca y el gorro, y entendereis el apodo. Ese aire de mago de bosque palillero, no dejaba otra opción que llamarle: Gandalf.

Tras sus dudas sobre el camino a seguir, optó por retroceder, tomando nuestra misma dirección. Tas el primer paso empezó a charlar y charlar, y enseguida sospechamos que no tenía ninguna intención de parar en horas -ahí estuve listo: no saqué a relucir ni mi francalà (véase capítulos anteriores) ni mi patillinglish (ingles patillero aprendido a golpe de canción de Dire Straits), así que me libré del turno de oyente-. Una vez incluso, llegamos a pararnos un largo rato para ver si captaba la indirecta y seguía su camino, o al menos callaba, pero él resistía pacientemente, dándonos (en realidad dándoles) lecciones de botánica, geología y biología. Aparentemente conocía todos los nombres de cada una de las plantas, piedras y animales con las que nos topábamos.

Cuando la ruta parecía terminar con indicaciones de vuelta a Azrou, nos dijo que conocía un atajo, una senda mejor y más bonita. ¡Maldita la hora en que le hicimos caso! Parecía que nunca íbamos a llegar. Nos llevó por caminos no marcados en medio del bosque, que decía conocer de dias anteriores. Mas tarde divisamos a lo lejos Azrou, pero insistió en no coger esa dirección directa porque había demasiado desnivel y era mejor dar un rodeo, que, como era de esperar, resultó en otra aventura de horas.

Laurent y yo estábamos agotados, y él además estaba mosca porque Gisele había caído en las redes naturalistas (espíritu national geographic) de Gandalf y siempre se rezagaban para contemplar cualquier cosa que no fuera de plástico, es decir, ¡todo!.

Mientras tanto, nosotros le parodiábamos casi meándonos de la risa:

-¿Has visto esa hormiga, Laurent? Mira ese grano de arena, vamos a analizarlo, hazle una foto, igual es un fósil de grano de arena del Cretáceo…

(foto: Laurent, Gisele y Gandalf)

Después de un tramo montaña abajo por un escarpado camino de ovejas de dudosa seguridad, parecía que nos acercábamos por fin a Azrou. Nos cruzamos con algunos jóvenes que subían montaña arriba siguiendo un riachuelo. El número iba creciendo progresivamente a medida que avanzábamos. Empiezo a comprender lo que ocurre, estamos en la zona “clandestina” del pueblo, lugar donde estos chicos (¡mierda, que mayor soy ya!) se esconden de las miradas de los vecinos para fumar porros, beber, etc… Nos topamos con una fuerte pelea entre un par de chavales que casi acaba en sendas caídas al río. El camino es estrecho y tenemos que esperar unos minutos hasta que se disuelva la batalla. Cuando parece que se ha restaurado la calma, otra vez se lía la tángana entre los dos púgiles y sus respectivas pandillas. En la segunda embestida, casi acabamos nosotros (y nuestra adrenalina) también en el río. Conseguimos dejar atrás ese particular territorio vedado y nos adentramos en la periferia de Azrou en pocos minutos.

Royal manzanares (foto: amiguitas del camino)

En el río, las mujeres lavan la ropa, y en las calles los niños se juegan la vida con un balon. Responden con locura a mi provocador “Barça! Barça!” y tambien atacan con los tipicos,“¡monsieur, un dirham!” “¡monsieur, un bombon

La jornada ha terminado por fin, después de un reparador té, nos despedimos y nos vamos al hostal con la intención de ducharnos, descansar y salir a cenar algo. Después de un día de pan, atún y fruta, apetece.

Además, podremos descansar de Gandalf el Verde, que nos deja nada más llegar al pueblo por una callejuela buscando un atajo hacia su hostal… ¿Os imagináis cuál? ¡Premio! ¡Por todos los orcos! Cuando llego a mi habitación me encuentro con que se hospeda en la habitación contigua. Afortunadamente, cree que no entiendo mucho de lo que dice. Nos alegramos de reencontrarnos (bueno, Laurent y Gisele, cuando se enteran, no tanto… Jajaja).

Al dia siguiente, mis amigos partieron rubo a un festival de música que se celebrava en Casablanca. Nos despedimos deseándonos mucha suerte y un futuro reencuentro. Hemos pasado unos dias entrañables juntos. Ojalá se cumpla!

Paseo y partida

Yo me quedé  tres días mas disfrutando de la tranquila vida del pueblo, de un par de caminatas más, de una fiesta en casa de amigos de Joseph en la que tocamos música hasta las tantas, de comidas deliciosas y baratísimas (eso a un catalán le gusta el doble jeje), de un nuevo hostal (el cochambroso era insoportable por las noches) y de la hospitalidad de la gente del pueblo.

Una tarde llevé mi pequeña mochila a remendar a un zapatero, Musta (Mustafá) una de las personas más felices que he conocido jamás. A pesar de que sólo hablaba arabe y un poco de francés, lográbamos entendernos perfectamente. Me contó con orgullo que tenía dos hijos y que recorría veinte kilómetros cada día en bicicleta para ir a trabajar.Nos retamos a recordar corredores de ciclismo de todos los tiempos. No había prisa, sentados allí hablando, en una caótica microtienda sin puerta, lo que le obligaba a saltar por el mostrador para sentarse a trabajar. Venía un chaval con su chancla estropeada y dejaba mi mochila para ponerse a ello, después seguía, más tarde retomaba otro quehacer, la prisa allí no tenía cabida. Todo esto regado con mi guitarrica y con rondas del omnipresente te a la menta, lo cual hacía más placenteras esas horas de charla y risas.  Una oda al famoso“la prisa mata” marroquí.

Para la partida, Joseph me recomienda ir directamente hacia Merzouga, al desierto, y saltarme toda la ruta de Midelt, ya que el paisaje es muy parecido a Azrou, y sus características minas están cerradas; me advierte además de que el trayecto por tramos me saldría mucho mas caro. Es mejor un bus nocturno directo. Decido hacerle caso, pues ademas me motivaron con historias sobre pasar la noche en solitario en el desierto, y no puedo esperar para vivir la mia. Ademas, Joseph me proporcionó el nombre de un albergue con cuyos dueños tiene una estrecha relación, a los que avisará de mi llegada y asegura que me tratarán como si fuera de la familia.

(video con fragmentos de mis promos de cashondeo para conciertos, inspiradas en el espíritu National Geographic.. jeje, tambien he colado unos escarabajos peloteros y ovejas que nos cruzamos por el camino de vuelta a Azrou..)

Me tiro de cabeza a mi autobús nocturno, un “supratour”! (wow creo que funcionan todas las marchas, jeje). Toda una noche volando por las montañas, durmiendo como podía entre baches, frio, llantos de bebé… Suerte de una de mis posesiones clave en el viaje: la almohadilla cervical hinchable, una pequeña (tan sólo me costó dos euros) gran adquisición, pues además de no pesar nada, suaviza las durezas del camino, impagable!. (no tengo acciones, lo juro).

Las primeras luces me susurran entre delirantes sueños que se acerca la meta. La llegada esta prevista para las 7 de la mañana. Pese a que el paisaje apenas se deja ver, el cambio se huele: palmeras, planicies, casas de adobe… Un momento, algo está golpeando los cristales, esto no cuadra: ¿estoy llegando al desierto y va a llover? El pesimoptimismo amigos, es un estilo de vida. 😉


Al llegar a Merzuga me quedo maravillado viendo cómo nos acercamos al extremo del Erg Chebbi. Aquello que se contempla allá es, sin duda alguna, la Gran Duna. Según las indicaciones de Joseph, el albergue “la Palmeraie” está a esa altura. La lluvia cesa en el preciso instante en que atravieso la frontera entre Merzuga y el resto del mundo, como si no pudiese pisar el desierto, como si le estuviera prohibido. Sonrío, parece la tormenta no me amargará el desierto. Poco imaginaba entonces que pasaría un día y medio encerrado en la Palmeraie, con Hassan y su familia, acorralado por una impresionante tormenta de arena. Pero eso, y uno de los momentos mas inolvidables de toda mi vida lo veremos en el próximo capítulo :

¡Llorando en Marte!


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