La ley del más…

18 May La ley del más…

Vamos a ponernos serios…

Hace tres semanas empecé a escribir este artículo pero lo puse a reposar, estaba cargado de rabia, dudas, frustración. Luego lo modifiqué, recorté, suavicé, pero decidí no publicarlo hasta más adelante o quizás nunca.

Pero precisamente estos días en cama por un resfriado, da la casualidad que llegan mil noticias al respecto de atropellos y muertes de ciclistas que me han tocado la llaga y me he sentido obligado a reflexionar de nuevo y ahora en voz alta compartirlo:

*Hace un par o tres de semanas:

Llevo varios días pedaleando por el norte de Argentina y quería compartir con vosotros lo que estoy viviendo prácticamente a diario:  Estoy aterrorizado…

Alguna vez en estos años pasados de VIDAJE he tenido la desagradable experiencia de que un camión, furgoneta o coche me adelantaran prácticamente rozando mi bicicleta/mi cuerpo. Por suerte no han sido muchas, pero cuando ha ocurrido uno se queda petrificado y se da cuenta de lo frágil que es su posición en la carretera. En ese momento hay una mezcla de rabia, miedo y tristeza que te hace pensar por unos segundos incluso en abandonar este medio de transporte. Por suerte te calmas y claro, es tanto lo que ganas, que sigues pedaleando hacia delante disfrutando de esta aventura increíble.

Por otro lado, en tres ocasiones en estos seis años hice autoestop para evitar una carretera infernal, sin arcén, con mucho transito y en mal estado, una autentica lotería de vida o muerte. Eran vías exageradamente peligrosas y no me valió la pena pedalear, puse el pie a tierra y busqué un auto-stop que me sacara de ahí a falta de vía alternativa cercana. Remordimientos, sobretodo la primera vez, por el “purismo de hacerlo todo a pedal” pero lo primero es lo primero, no he venido aquí a jugarme la vida, sino a disfrutarla, pensaba.
Y ahora, hace unos días en la provincia de Misiones, cuando llegué al sur de la ruta 12, una carretera principal con un arcén (“banquina” en Argentina) más o menos decente, encontré que cada ciertos kilómetros este desaparecía. En esos tramos, no hay espacio para una bici y un ocupante más en cada carril. Ok, suele pasar, hay que estar muy atento al retrovisor y apartarse si se produce esa situación. No es agradable e incluso un poco peligroso saltar a un arcén de barro y pasto, pero se hace y punto. Por estas tierras no se frena ante un ciclista como es más “habitual” (y obligatorio) en Europa, aquí el que sobras eres tu, de entrada, respeto y protección cero, eso de frenar por un ciclista no está contemplado.

Partimos de esa triste base, pero la sorpresa fue cuando un camión que venia por detrás a toda velocidad y tenia todo el otro carril libre si nadie en contra, para poder simplemente esquivarme un poco, empezó a pitar desde lejos. Miré por el retrovisor, pensé que era un saludo, pero insistió en sus bocinazos que esta vez me parecieron más agresivos y me di cuenta que venia sin rectificar posición y acelerando. Me lancé a un lado peligrosamente pues había velocidad y el pasto era caótico lleno de barro. Frené como pude y al girarme en ultimo momento vi como me hacia gestos de desprecio sin modificar su posición ni velocidad y seguía pitando como diciéndome: ¡¡Aparta de aquí!!

No entendí porque no había usado el otro carril, pasábamos los dos de sobras, no venia nadie en sentido contrario… Tuve la certeza de que si no llego a apartarme confiando en que no venía nadie o no miro a tiempo, me habría atropellado.

Increíble, un tipo por no mover su volante un poco o perder 10 segundos de su segura, maravillosa, interesante y entrañable vida, era capaz de terminar con la mía.

Poco después paré en un puesto de gasolina y aun afectado lo comenté al personal. Me sonreían como si yo fuera un iluso, me dijeron: – Claro, claro, aquí no tocan el freno y muchos van así, te tienes que apartar, la 12 es brava amigo.

Bien, al grano: lo que os quiero contar es que ese día horrible, eso pasó dos veces más y al siguiente tres. ¿Que locura era esa? No exagero, si no te apartabas: ¡adiós!. Grite, rabié, pensé en matarlos, me volví loco, solo, tirado en la cuneta… lloré de rabia.
Aguanté como pude una jornada más hasta girar rumbo a la 14 a ver si la cosa mejoraba.

Llevo varios días por esta ruta menor, más tranquila, sin arcén, llana, con largas rectas. Los camiones te esquivan si no viene nadie por el carril contrario, pero increíblemente, un par de veces ha pasado lo mismo.

Sí, en mitad de la nada, en una larga recta, con todo el espacio y tiempo del mundo para pasar, ocupar parte del carril y circular los dos, me han pitado y echado de la carretera y habitualmente se hacen adelantamientos en sentido contrario como si mi bicicleta no existiera obligándome a echarme a un lado de nuevo.

Algunos neardentales al volante son incapaces de mover un poco su brazo para permitirte circular. No quieren ciclistas en la carretera, se creen los dueños de ella y tu eres un objeto extraño que no respetan.

No me había pasado jamás en estos años, es algo exagerado, estoy muy triste porque eso refleja que como yo digo, seguimos viviendo en una especie de Edad Media con Iphones que lo disimulan. Cero empatia, la cultura del ego, del forofo, del agresivo, del gorila alfa… y no pasa nada.

Hace poco un amigo me decía que el hombre sin educación es un mono, y es cierto, el instinto básico animal se apodera de todo, el egocentrismo, la falta de respeto, la ley del más fuerte/chulo, la ley de hacer cosas para creerte el más fuerte y sentirte bien, yo, yo y yo, mi tribu, mi equipo de futbol, mi país, mi camión, mi Dios a medida, los demás me importan una mierda… una pena.

Estamos hablando de vidas, en las cunetas me paro y veo flores y cruces por ciclistas atropellados en las rutas y me planteo si vale la pena esto de hacerlo todo a pedal por lugares que son el mismo día repetido por 10…

Me entran ganas de cambiar el modo de viaje, pedalear solo por parques naturales, por rutas ciclistas, vías verdes o carreteras terciarias. Algunos me dicen que busque rutas alternativas, otros que lo acepte… No me convence, en este caso no hay alternativa, todas las rutas que bajan al sur son iguales, idénticas durante más de mil kilómetros. Y en tal caso, hacer esa burrada de kilómetros por caminos de cabra llenos de fango en esta época de lluvias en mitad de la nada solo para decir que lo haces todo a bici, me parece cada vez más absurdo.

Quiero ver el mundo desde una bicicleta, pero no quiero jugarme la vida en una ruleta tan a menudo. Puede pasar de todo en todo lugar, pero esto me parece exagerado, sería como surfear en una playa llena de tiburones, pasó, puedo esperar…
De momento sigo, luchando con mis cábalas, mi orgullo, mi “que dirán” o mi “relaja que esto es una excepción”, ya pasará… Pero en fin, ¿jugar a la ruleta dos días? ¿Para que?

 

* Al final la carretera mejoró, fui vigilando, llegué pedaleando a Paraná. Pero estos días viendo tantas noticias de atropellos y muertes a ciclistas en España y en el mundo entero, he tenido tiempo de reflexionar más. Ya lo hice en su día y me he fallado a mi mismo, apurando, aguantando. El camino más heroico ante el coherente…

Prometo que si vuelvo a estar en una situación igual, en una carretera peligrosa sin arcén y con transito agresivo y sin respeto, me voy a subir aun bus, camión o ranchera a la primera oportunidad y que me saquen de ahí los kilómetros que hagan falta. Basta ya de arriesgarse por un purismo absurdo. Quiero pedalear para disfrutar de la VIDA, ya hay suficiente peligro en una carretera tranquila y con arcén como para aumentarlo circulando por estos lugares en los que ni la infraestructura ni la gente contempla y respeta la figura del ciclista.

Fin, tengo suerte de estar escribiendo estas palabras y poder elegir. ¿Que opináis?

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